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04/08/2014

“Necesitamos seguridad para el retorno, pero volveremos con o sin seguridad”

En las gradas de Cancha Paraguay, uno de los refugios más populosos de Asunción.


La crecida más grande en 20 años que verifica el río Paraguay empezó a aflojar, las aguas bajaron unos centímetros y las familias desplazadas no pierden el tiempo para retornar a sus hogares. Un poblador del Bañado Sur con seis crecidas vividas nos habla de lo que implica ese regreso y las peculiaridades de esta crecida.

Es la sexta crecida del río Paraguay para Francisco Aranda (52), referente comunitario  del Bañado Sur, uno de los barrios afectados por la crecida del río Paraguay en Asunción con mayor organización.
Su madre vino de Pirayú y su padre de la capital, él nació en el barrio San Gerardo, que ahora se llama San Ignacio de Loyola, en la zona de la actual parada de la Línea 6. Él recuerda épocas de olerías en el lugar.
Le tocó vivir las crecidas de 1983, 1987, 1996/7, 2012/13. La actual es la única que tiene punto de comparación con la del 83, donde las aguas del río marcaron un récord histórico de más de 8 metros por sobre su nivel normal en Asunción
Entonces estuvieron fuera del barrio durante ocho meses. Cuando bajaron las aguas, él y su familia desmontaron su casa anegada y buscaron otro espacio del barrio para erguirla con maderas y otros materiales.
  Así pasó también con las posteriores crecidas. Volvieron a empezar de cero. Como la mayoría de las familias afectadas.

“Si cierra la puerta, se ahogará gente”
 Actualmente vive con su familia en el refugio de la Cancha Paraguay del barrio Republicano, junto con 215 familias más que ocuparon a la fuerza el predio privado y que implicó imputaciones fiscales a varios referentes del Bañado Sur.
  Todo esto pasó en un escenario de abandono total de las autoridades del gobierno central y municipal. “Todos los campamentos que están, se consiguieron gracias a la organización y a la fuerza. La municipalidad no nos dio nada”, resume.
  En la toma del lugar hubo forcejeos con la policía y dirigentes del club, que a la vez son dirigentes del Partido Colorado, el partido de gobierno. Finalmente las familias bañadenses se lograron imponer.
 Entonces Francisco se plantó frente a los policías que bloqueaban los portones de la cacha y les condenó : “Si cierran las puertas, se va a ahogar la gente”.
  La situación era grave, las aguas inundaban las casas, las autoridades se destacaban por su falta de interés/previsión y las personas afectadas no encontraban lugares públicos a donde “subir”.

“Esta crecida es tan grande como 1983, pero...”
  Francisco nació y vivió prácticamente toda su vida en el barrio, solo un año probó suerte en San Lorenzo, pero reciclar basura no era lo mismo allí, por lo que con su familia juntó sus pertenencias y volvió al barrio.
  Hace seis años levantó una casita de material en la comunidad de Ca'acupemí del Bañado Sur, uno de los primeros lugares afectados por las aguas este año. Ocho días vivió con las aguas por las rodillas antes de decidir salir con sus vecinos y vecinas.
  Explica que la principal amenaza para el barrio son los proyectos de infraestructura y de inmobiliarias, que quieren desplazarlos de un día para otro sin tener en cuenta todo el sacrificio de la gente para mejorar el lugar. “En mi casa hay 70  viajes de escombro descargados”, ejemplifica.
  Él calcula que la actual crecida es tan grande como la de 1983, pero las aguas no subieron como entonces porque todos estos años la comunidad rellenó el terreno y eso frenó el nivel de las aguas.

“Lo que es de la naturaleza aceptamos, pero lo que no es no aceptamos”
  Durante la charla insiste con una hipótesis sobre esta crecida, dice que fue en parte provocada por las autoridades para proteger las turbinas de la represa de Itaipú y también para desplazar a la gente de los bañados.
  Para él las autoridades de la represa decidieron abrir algunas de las turbinas y dejar pasar el agua, pues de lo contrario la crecida del río Paraná iba a terminar destruyendo esas estructuras.
Y que esta situación fue aprovechada por los sectores empresariales del país para crear un clima propicio de desplazamiento de las poblaciones ribereñas, y así allanar el camino para sus proyectos.




“Ahora vamos a volver como salimos, ayudándonos entre nosotros”
   Dentro de este escenario, preguntamos a Francisco qué diferencia tiene esta crecida con las anteriores que vivió. Sin pensar mucho, asegura que es la asistencia estatal.
“Hubo ayuda anteriormente, en 1983 hubo apoyo. Vos le avisabas y te llevaban a bajar ahí. Ellos te dejaban y vos tenías que reconstruir tu casa”. Este año él define la respuesta estatal con la frase “Ejehechá nde”(arreglate vos).
 “Ejehechá nde, nos dijeron para que que nos desesperemos. Es un trabajo psicológico que hacen. Y la gente logró vencerle a eso, van a volver a su lugar”, dice. Eso pasó con la crecida y en el retorno ahora es lo mismo.
  Para él ese abandono estatal fue criminal, y asegura que mucha gente pudo haber muerto ahogada si no fuera por organización y solidaridad de la propia comunidad. Mucho del trabajo de  salida y de reubicación se hizo en mingas de vecinos.
 Rescata el papel que cumplieron los vecinos con carro-motos, que fueron quienes quedaron ayudando cuando la poca ayuda estatal con camiones les abandonó. “Los carriteros fueron quienes salvaron vidas y sacaron a mucha gente”, dice.
El vecindario también está muy agradecido con cientos de jóvenes voluntarios de otros lugares que se presentaron anónimamente a ayudar a las familias. “Vos sacabas tu cosas -dice- y ellos ya estaban ahí, se encargaban de alzar todo”. “Ahora vamos a volver como salimos, ayudándonos entre nosotros”.

Retorno a medias
  Actualmente ya muchas familias están volviendo a sus casas, a pesar de que las aguas bajaron hasta hoy sólo 55 centímetros de los 7.38 que subieron en total.
  Francisco dice que es un retorno a medias, debido al pronóstico climático de que el fenómeno El Niño puede agravar la situación con su sistema de lluvias y tormentas a partir de setiembre/octubre.
Cuenta que las familias se parten en dos, la mitad vuelve a la casa del Bañado y la otra queda en los refugios, para no perder del todo este espacio de reubicación.
 Calcula que esta crecida los tendrá afuera unos ocho meses, de los cuales ya se cumplieron más de tres, desde que en abril las familias abandonaron resignadas sus hogares.
Eso si no viene La Niña; si viene, es probable que  se queden por un año en los refugios, que pasen navidad y año nuevo fuera de sus casas, agrega.
 “No pensamos tanto en si va a ser mayor o menor que el 83, estamos pensando en lo que esta gente quiere hacer con la lucha de la gente”, dice sobre los proyectos que pretenden desplazarlos.
  Al terminar esta charla Francisco tiene una nueva reunión de las organizaciones del bañado, gracias a las cuales lograron arrancarle al Estado y la municipalidad de Asunción la escasísima ayuda oficial, luego de dos movilizaciones y bloqueos de avenidas.
  Antes,  resume el sentir general de sus vecinas y vecinos en medio de un escenario de abandono de las obligaciones estatales: “Necesitamos seguridad para el retorno, pero volveremos con o sin seguridad”.


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